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Comparto con ustedes una crónica publicada en el semanario Vista previa en el año 2007, donde se relata la presencia de los empresarios mineros Roque y Raúl Benavides Ganoza, en la entrega de los estudios para la carretera Ayo – Huambo, una vía que es como la Interoceánica para los pueblos del Valle de los Volcanes (Caylloma – Castilla)

Raúl Benavides
Por: Jorge Turpo Rivas

Dos de los hombres más ricos del país están en Ayo. Raúl y Roque Benavides Ganoza, lucen sus prendas de diseñador Tommy Hilfiger en la polvorienta plaza de armas de este pueblo ubicado a 12 horas (en bus) de Arequipa. Una plaza de armas que sirve tanto para el izamiento del Pabellón como para las corridas de toros en octubre.

El calor de este martes 18 de diciembre, obliga lucir gorras a los hermanos Benavides, accionistas de la empresa minera Buenaventura. Llegaron en su avioneta particular hasta Orcopampa y de ahí en camionetas 4 x 4 hasta el distrito de Ayo.

La plaza luce vacía. El maestro de ceremonia, Benjamín García, se esfuerza por convocar a la población a que participe del acto. La gente está trabajando en sus chacras. Una corrida de toros atrae más público.

Las autoridades que acompañan a los Benavides, sólo son recibidas por periodistas que aprovechamos el momento de espera para hacerles algunas preguntas. Pasada media hora, la ceremonia empieza con menos de 50 personas.

Se trata de la entrega de los estudios definitivos y expediente técnico de la carretera Ayo – Huambo. Una vía que para la población de la zona es como la carretera Interoceánica para el sur peruano. Les permitirá su desarrollo y sobretodo unirse al circuito turístico del Valle de los Volcanes. Sin embargo, como toda obra de importancia en el país, no estará acabada en menos de 5 años (siendo optimistas). Los estudios los financió la minera Buenaventura bajo el cliché de responsabilidad social.

Ayo, en voz quechua, significa “que enseña”. Y se trata de un pueblo que efectivamente da lecciones. Por ejemplo: como vivir aislados en medio del desierto. Ninguna empresa de transportes llega a la zona, sólo una combi hace servicio dos veces por semana para llevar a los pobladores hasta el vecino distrito de Andagua.

También enseña a vivir sin escuela de educación Secundaria. Por eso no se observa jóvenes en Ayo, todos estudian en Orcopampa o en Arequipa. “A veces tenemos que mandarlos a Arequipa aunque sea de muchachitos (empleados) para que puedan estudiar”, me cuenta María, la mujer que nos sirvió el desayuno en su tienda de abarrotes que hoy es un improvisado restaurante.

Roque Benavides
Ayo, en la zona alta de la provincia de Castilla, se abre paso en medio de la extrema pobreza. Es un pequeño valle con atractivos turísticos inexplorados. Ahí están la laguna de Mamacocha y los restos arqueológicos de Quello Quello.

Alrededor de su plaza de armas polvorienta, todo parece un inmenso huerto con árboles frutales de todo tipo. Tienen agua de manantial y energía eléctrica las 24 horas del día. Son sus pocos lujos que pueden ofrecer.

Roque y Raúl Benavides están ansiosos por irse. Pero antes tienen que escuchar los discursos de los alcaldes de Ayo, Huambo, Andagua y Orcopampa. Y luego recibir las ofrendas de cada alcalde y el reconocimiento de huéspedes ilustres.

El que tiene el encargo de hablar a nombre de la minera Buenaventura es Roque Benavides. Empieza recordando que su padre Manuel Benavides de la Quintana, llegó a estas tierras hace 50 años a caballo. “No había carretera y ahora estamos consolidando un proyecto anhelado de por todos los pobladores”, expresó antes de citar a Winston Churchill (como si estuviera en la Convención Minera). Pidió además que los dejen producir, o sea explotar más minerales.

Buenaventura, tiene las minas auríferas (oro) de Orcopampa, un pueblo que ha cambiado poco desde que el padre de los Benavides llegó como todo un conquistador montado en su caballo hace 50 años. Ninguna de sus calles luce asfaltada y la pobreza se respira en cada rincón, excepto en el campamento minero.

Escuché el discurso de Roque al costado de Luis Cahua López, el hombre que regó la polvorienta plaza de armas para la ceremonia. ¿Usted sabe quién es Winston Churchill? le pregunté. “No, no lo conozco” me respondió. Luis tiene 65 años y labora en limpieza pública de la comuna de Ayo. Sólo estudió hasta segundo de primaria. “Pero mi hijita está estudiando en Orcopampa”, le sale el orgullo. Su pequeña Leonor tiene nueve años. La tuvo cuando él cumplía los 56 años de edad. Le llegó tarde el amor. “Si pues, pero ella está bien” dice sonriendo. Su pareja es Baltazara Yucra (54). “La conocí en El Pedregal”, recuerda.

Luis se queja de la pobreza de Ayo. “Tantos años he vivido aquí y todo sigue igual, a mi me dan trabajo de vez en cuando no más, así que también tengo que trabajar en mi chacrita”, anota.

A pesar de su avanzada edad, Luis quiere trabajar en la construcción de la nueva carretera que tiene 120 kilómetros. “Aunque sea retirando piedras puedo trabajar, tengo que mantener a mi Leonor” se preocupa.


EL HADA MADRINA
La gestora de que los Benavides estén en Ayo es Lourdes Mendoza del Solar, segunda vicepresidenta y congresista por Arequipa, quien acudió al ex congresista Rafael Valencia Dongo para que la ayude a impulsar proyectos que tengan intervención del sector privado y público. Sus mejores aliados hasta el momento, son los Benavides Ganoza. Incluso le prestan sus avionetas y camionetas para que Mendoza se traslade.

El presidente regional, Juan Manuel Guillén, bautizó a Mendoza como “el hada madrina”. “Todo lo que toca lo convierte en oro”, bromeó hace poco en Chuquibamba. Pero la verdadera hada es Valencia Dongo, que a través de su empresa consultora “Estrategia”, está haciendo que Mendoza pueda visitar la sierra de Arequipa gestionando obras de singular importancia para esa zona. En Ayo prometió que lo se seguirá haciendo.

Los Benavides están sobre la hora, tienen otros compromisos, así que deciden abandonar la ceremonia que ha tenido cerca de diez oradores. Cogen su alforja llena de Pisco, Vino, Pacay y Maíz (fue obsequió de la población), y emprenden la retirada a poco más de dos horas de su llegada. Los espera su avioneta en Orcopampa. No probaron ni un camarón que con tanto entusiasmo mandó a elaborar el alcalde de Ayo, Víctor Mejía. Dos de los hombres más ricos del país, dejaron la plaza de armas de Ayo con su alforja (de maíz, no de oro) en las manos y en sus camionetas levantado polvo.



* PUBLICADO en el Semanario Vistaprevia. Arequipa-2007

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