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Solo una vez tuve la oportunidad de entrevistarlo, pero fue como una clase maestra de management. Don Alberto estaba ya bordeando los noventa, y sin embargo articulaba sus ideas con una lucidez impresionante.

Con mucha pena recibí ayer la noticia de su fallecimiento, pero ante la necesidad de rendirle un justo homenaje, prefiero hacerlo valiéndome de sus propias palabras. A continuación, las siete lecciones de negocio que me regaló Alberto Benavides de la Quintana aquella vez que lo entrevisté a finales del 2011.

1. Un empresario tiene que saber cuándo arriesgar.
“No tenía el dinero y no había suficientes reservas en la mina, pero yo tenía 32 años, más o menos, y a esa edad uno es más corajudo, más avezado. Así que nos lanzamos a formar Buenaventura y, a Dios gracias, nos ha ido bien. Me dieron un préstamo contra entrega de minerales, y con ese dinero y un poco de ahorros que tenía por ahí, sacamos adelante la mina Julcani”.

2. Hay que entender cómo funcionan los mercados.
“La Cerro de Pasco Corporation tenía especial interés en los productos de Julcani porque tenían bismuto, 1% o 2%, ya ni me acuerdo. ¡En esa época [los años cincuenta] pagaban el bismuto y ahora lo castigan cuando viene contenido en el mineral! Eso es porque ya no tiene mercado, ha perdido utilidad. Como anécdota, dicen que fue esta artista de cine que representó a Cleopatra [Elizabeth Taylor]… Ella se pintaba las uñas con un esmalte que brillaba, y el bismuto era lo que lo hacía… iridiscente es la palabra”.

3. Una empresa debe impactar positivamente en su entorno.
“Yo creo que los mineros tenemos la obligación de ir a hablar con las comunidades y convencerlas de que les vamos a traer eventualmente bienestar y no fastidio […] No es fácil, pero hay que hacerlo. Yo creo que nuestro gran instrumento en la minería es el agua. Tenemos que dotar de recursos hídricos a las zonas donde trabajamos”.

4. Los golpes de suerte llegan cuando uno persevera.
“La perseverancia es el sustrato del negocio minero. Esa ha sido siempre la política de Buenaventura. 
Nosotros no hemos parado de explorar minas. Ahora, habiendo dicho esto, sin duda creo que la suerte nos ha acompañado. Una anécdota, o un caso quizá extremo de buena suerte, fue que, estando en Orcopampa, la comunidad vecina nos pidió un tractor para limpiar un derrumbe que habían tenido en uno de sus canales. Nosotros mandamos el bulldozer, pero junto con este fue un geólogo. Al ver este lo ocurrido, empezó a muestrear las fracturas que había por allí, y cuando hicieron los ensayos, se encontró una veta que, para sorpresa de todos, dio una onza de oro por tonelada. Fue un golpe de suerte. Todavía seguimos extrayendo mineral en la zona de Chipmo”.

5. Es preciso entender que el fracaso es parte del negocio.
“Traté, por ejemplo, de desarrollar las minas Colquipucro, a unos 60 km al norte de Cerro de Pasco, y no funcionó. Mis hijos se reían de mí porque yo les decía: ‘Ahí tiene que haber mineral, los quechuas eran muy hábiles y ‘colqui’ significa plata y ‘pucro’ colina, así que eso debe ser una colina de plata’. ‘No lo dudamos –me decían-, pero lo que vas a encontrar allí no son minerales de plata, sino la misma plata que le has metido al proyecto, que ya has enterrado’. Bueno, pues, no salió. Después estuve metido también en este tema de los fosfatos en Bayóvar. Una larga historia allí, pero finalmente me retiré porque no la vi clara [la mina es ahora de propiedad de la brasileña Vale]“.

6. Hay que tener una visión.
“Yo nunca he buscado notoriedad. Pero sí mantengo con gran entusiasmo que la minería es el elemento integrador del Perú. Nosotros no podemos vivir separados de la sierra, tenemos que vincularnos con ella, y la minería es lo que nos permitirá hacerlo. Y si queremos algún día llegar a nuestra selva, integrémonos primero con nuestra cordillera. Si bien es agreste, su gente es muy buena. Yo quisiera que el Perú entero reconozca eso”.

7. Y perseguirla con humildad para disfrutarlo cada día.
“La gente puede creer que no soy sincero, pero la verdad es que esto nunca fue para mí una búsqueda de dinero. ¡Me entusiasmaba tanto esto de abrir las minas y ver qué pasaba! En esta actividad todos los días cuentan y yo los disfruté todos”.

Adiós, don Alberto, se le extrañará mucho.

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